domingo, 25 de mayo de 2014

Capítulo 6: Miedo

Narra Amaia

Tras cuatro horas andando sin un rumbo fijo, conseguí llegar a la estación de metro. En los bolsillos tenía el dinero justo para un billete de ida hacia Málaga, mi hogar.

Nueve horas tenía para pensar que decirle a mis padres, a los que abandoné hace tiempo, a los que ahora mismo me odiarán y que cuando vean a este ser entrar por la puerta lo primero que harán es echarme a patadas de allí...

La señora del megáfono anunció que ya habíamos llegado, por fin, Málaga, como echaba de menos esta tierra, el olor a mar, los espetos, esas puestas de sol que hipnotizan, esos días largísimos en verano, y esas noches calurosas, salir con los amigos, pasar el día en familia en la Malagueta...

Anochecía, y aun no me había atrevido a ir a mi casa. Creo que ya va siendo hora de enfrentarme a mis miedos, al fin y al cabo es mi familia, no me van hacer nada raro.
Ahí está, tal y como la dejé, mi casa, mi cobijo. El arbolito pegado a mi ventana, donde mil y una veces trepaba hacia abajo para escabullirme y salir con los rollitos que una tenía a los 16 años. Hoy era viernes, por lo que sería cena familiar.

Me armo de valor, me acerco al portal y:

*RIIIIIIIIIIIING*

-¡Diego, abre tu que yo estoy con el pollo!-cuanto echaba de menos esos gritos

-¡Voy, voy!-ese era mi padre, quien no puede olvidar esa voz ronca que te preguntas como puede hablar sin hacerse daño en la garganta.

Se abre la puerta

-Isabel, ¿estás segura que han llamado? Aquí no hay nadie

-Me lo habré imaginado, si es que esta niña me tiene atacaita' de los nervios

Sí, me había escondido, mi miedo parecía ser mayor que mi valentía, mi corazón parecía una orquesta de tambores tocando sin parar, y mis piernas flaqueaban de una forma que podías oír los huesos chirriar.

Cayó la noche y mi cuerpo lleno de moratones deambulaba frío y cansado por las solitarias y nocturnas calles de Málaga, ¿qué iba a hacer yo ahora?,¿dónde iba a dormir? Me hacía tantas preguntas que ni siquiera caí en la cuenta que un grupo de chavales me seguían.

-¡Eh, guapa, ven que no te vamos hacer nada!-decía seguramente el más gilipollas del grupo

Mi velocidad aumentaba y ellos también corrían mas rápido. Joder, es que no hago nada mas que meterme en problemas.

-¡No corras mas, te juro que va a ser peor para ti!-decía otro, mas gilipollas aun.

-¡Iros a la puta mierda cabrones!-y le saqué una peineta hecha y derecha, en la puerta de un bar, y entré.

Me quedé allí hasta que se aburrieron y se largaron (y además que el dueño del bar me echó porque no había pedido nada).

Pues nada, no tengo casa, no tengo dinero, no tengo comida...Voy a tener que dormir en un banco, sola, sin nadie que me de calor, sin nadie que me cuide, que me diga que me quiere, que me haga sentir una mujer. Nadie no tengo a nadie.

Cojo una pila de cartones que hay al lado de un contenedor y me dirijo a un banco del parque allí pasaré la noche, sin saber lo que me espera por la mañana...

Narra Pablo

Por fin, estaba esperando este concierto días y días desde que empecé la gira: Málaga, mi hogar, mi tierra. Mis ganas por ver a mi familia eran inmensas cada vez que nos acercábamos mas al destino. No he dormido nada en toda la noche, a parte de los nervios de ver a mi familia, también por esa chica, no  me la quito de la mente, ¿y si en realidad estaba en apuros? Bueno, pensaré eso mas tarde...

-¡FAMILIA YA ESTOY EN CASA!-dije muy feliz

-¡Hijo!-ahí está, mi mère, que me dio uno de esos abrazos que te hacen sentir genial

-Hola hermanito-mi hermana, Casilda, somos perro y gato, pero es mi hermana y nos queremos muchísimo

-¡Tito!¡Tito!-y mi sobrina Sofía, cada día mas grande y sin ella no sería nada, adoro los niños

-¡Ay dios mio!¡Que grande estás!, si sigues así vas a superarme-digo yo con mi voz infantil, a veces pienso que esta niña es mas lista que yo.-Oye, habrás cuidado bien de Trampi, ¿no?

-¡Si!, pero hay veces que no me hace caso, tito, lo llamo y no viene-me la como a besos

-¿Que no viene? Haber, eso hay que verlo-doy uno de esos silbidos míos y viene como un rayo

-Hola pequeñín-este perro es tonto no, lo siguiente, los perros normales chupan las manos, la cara, pues este no, este chupa mi pie.-Sofía, ¿hacemos una cosa?

-Dime tito

-Mañana vamos al parque con Trampi y jugamos con él, ¿vale?

-¡Siiiiii!-y se abraza a mí, ay mi niña.

Pasé el día y la cena contándoles anécdotas de la gira y de los conciertos, intenté ignorar lo de la furgoneta y no contárselo a ellos. Mi madre me pregunto qué era lo del labio y le dije que me corté con un cuchillo haciéndome un sandwich, ¿creíble? No.

Volví a mi habitación y me dormí, pensando de nuevo en ella.

-¡Tito, tito, titooo!-mi sobrina me despertó saltando encima mía, cosa de chiquillos.

-Vamos, vamos

Me cambié y bajé a desayunar las famosas y ricas tortitas de mi madre. Salimos, pero no sin mi gorra y mis gafas.
Íbamos muy contentos y Trampi bastante juguetón hasta que Sofía se paró y se quedó mirando algo.

-Tito, ¿qué hace esa mujer durmiendo en ese banco?



No hay comentarios:

Publicar un comentario